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HABEMUS PAPAM: POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

HABEMUS PAPAM: POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS 

Lic. David Ignacio Solano Castro 

 

El día 13 de marzo de 2013, ha sido electo por el conclave cardenalicio Francisco I como el sucesor del Papa Benedicto XVI tras su renuncia efectiva a partir del 28 de febrero del año 2013, este hombre de origen argentino vivió uno de los periodos más oscuros de la dictadura militar en Argentina entre 1976 y 1983, donde conforme a lo denunciado por sus detractores, colaboro con el régimen opresor al punto de haber permitido la detención ilegal y el secuestro de dos correligionarios de su propia orden monástica que se dedicaban a realizar trabajo social en lugares de extrema pobreza, los cuales afortunadamente sobrevivieron a tal circunstancia, aunado a que lo señalan pese a sus posiciones de preocupación por los menos favorecidos, como alguien sumamente conservador, opositor a todas las propuestas de innovación y reforma de la iglesia.

Independientemente de lo apuntado y más allá de la intención de los votos, influencia, trayectoria, representatividad de intereses, tendencia ideológica, entre otras consideraciones, tal vez convendría recordarles aunque sea de forma muy breve a los clérigos, y en especial al primero de entre todos ellos, lo señalado por su libro sagrado, debido a que los acontecimientos de los últimos años han colocado en tela de juicio una vez más a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, considerada una de las más populares a nivel mundial y una de las más representativas de las confesiones de corte judeocristiano.

La referencia al libro sagrado de los sacerdotes y feligreses católicos que mencione, se encuentra en la primera epístola a Timoteo, capitulo 3 versículos 1 -7 que señala a la letra:

“Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.

En conexión con lo anterior, valdría la pena relacionarlo con algunos puntos del Canon 378 del Código de Derecho Canónico que refieren a los requisitos que debe ostentar un candidato al episcopado, mismo del cual se extraen algunos fragmentos en los siguientes términos:

“… insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata; de buena fama…"

Tras la cita anterior y en un contexto donde la iglesia se ha visto involucrada en actos cuestionables de pederastia, corrupción, entre otros, donde además pareciera que a su interior las consideraciones políticas y económicas son más importantes que lo señalado por las citas anteriores, quizá podría ser un buen momento para partir de los criterios debidos y fundamentales para regir su comportamiento institucional, los cuales, constituyen la razón para la existencia de un cargo religioso en cuanto a su función social frente a sus adeptos, máxime si se trata del puesto más encumbrado.

Lo anterior, debe indicarse porque al interior y al exterior de esa institución religiosa se percibe demasiada expectación por cuál sería el cauce más conveniente para esa institución religiosa, además de que la sociedad en general se muestra muy consciente de la existencia de intereses convergentes que siempre buscan ser beneficiados en un momento donde las instituciones de cualquier orden se encuentran en crisis y cuestionadas en cuanto a su credibilidad y función social, y donde también se considera adicionalmente que se requiere revisar las concepciones imperantes y contrastarlas con las nuevas, además de considerar la factibilidad de algunas reformas que deben considerarse necesarias para conservar lo más valioso de ellas en beneficio de la gente, que constituye el objetivo tangible y la mejor referencia para evaluar su efectividad.

De acuerdo a este criterio, la iglesia Católica al enfrentar incluso una disminución de su feligresía y al hecho de encontrarse en medio de un juicio social que no le favorece, (Además del instruido por los tribunales en Estados Unidos y otras partes del mundo contra algunos de sus miembros por actos ilícitos graves) tal vez debiese considerar que no se puede pretender persistir en el encubrimiento de conductas ilícitas o dañinas para muchas personas y para su institución impunemente, es decir, tal vez como gesto de buena intención y aprovechando que probablemente ya tiene experiencia en circunstancias similares pero esta vez con un sentido de justicia y reivindicación social, el Papa podría optar por no proteger a los responsables en todo el mundo de pederastia y actos de corrupción diversos, entregándolos a las autoridades correspondientes para su enjuiciamiento y castigo, en independencia del juicio canónico que también les correspondería por haber usado su investidura para dañar irreversiblemente a quienes tenían la obligación de procurar bienestar.

Por otra parte, aunque de antemano resulta muy ambicioso insinuarlo, también podría considerarse renunciar a seguir procurando o tolerando la manipulación y el sometimiento de las conciencias para su consecuente explotación terrenal por medio de mitos o falsedades que desde una perspectiva perversa se afirma que fortalecen la fe aunque en realidad sólo promuevan la ignorancia, la intolerancia y el fanatismo, y quizá sumado a lo anterior, deberían sus líderes considerar que resulta un momento muy oportuno para ejercer la autocrítica, permitir el flujo de ideas renovadoras que no se encuentran necesariamente en contravención a su cánones y ser responsables frente a la sociedad al comenzar a corregir lo que se ha hecho mal, permitiendo la más amplia justicia en los ámbitos que lo requieran en su seno.

Cabe aclarar que no estamos indicando en ningún momento que sea un fenómeno exclusivo de la Iglesia Católica, puesto que las diferentes denominaciones religiosas parecieran pasar por un periodo de crisis y cuestionabilidad importante, sin embargo, la referida en este documento, al ser una de las más representativas en el mundo, debe ser consciente de su influencia y papel social e histórico, criterio por cierto este último que tampoco les favorece aunque hayan pretendido revertir tal circunstancia con el ofrecimiento de disculpas públicas por sus atrocidades pasadas, y por lo tanto, lo mejor que podría suceder de ser estas manifestaciones verdaderas, es que se procurará dejar de incurrir en conductas similares o en aquellas que tarde o temprano desembocan o incentivan las mismas, como ejemplo claro de ello podemos referir el encubrimiento ilegitimo, ilegal e injusto.

Entonces, más valdría que el nuevo Papa, además de su trayectoria y vinculaciones al interior de su iglesia, procure ser un hombre recto, honesto, justo, valiente, creativo, audaz y que ambicione la más alta autoridad moral para erigirse en un líder excepcional en una de las iglesias más importantes del mundo, que trate de tener una renovada perspectiva de responsabilidad frente a sus feligreses y la sociedad en general; por tanto, el Papa Francisco y la cúpula de aquella institución deberían de ser conscientes que tienen la oportunidad en su manos el día de hoy, no sólo de respaldar un Papa con características clericales distintas, porque no basta con elegirlo latinoamericano y jesuita para hablar de cambios significativos sólo porque nunca había sucedido, sino más bien, podrían optar por comenzar a perfeccionarse y progresar en el siglo XXI al amparo de su nuevo liderazgo, que más allá de un representante de Dios en la Tierra, se erija como un hombre que tenga la intención y la entereza para comenzar a revindicar los preceptos valiosos que tanto ellos y sus verdaderos adeptos creen y profesan.<