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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Lic. Alma Daniela Pérez Martínez*

México, D.F. a 08 de marzo de 2016

 

El Día Internacional de la Mujer es una fecha que se celebra en muchos países del mundo. Hoy conmemoramos un día más, pero ¿qué impacto tiene este fenómeno en la sociedad? Sin duda alguna, mucho más del que imaginamos.

Cuando una dedica su vida al estudio de la materia, muchas veces empieza a ser cuestionada, surgen ideas específicas y arraigadas de un tema que para muchos, sigue siendo cuestionable, pero yo me pregunto, una sociedad que ha vivido sumergida en la idea de un paternalismo frontal todo el tiempo, ¿no requiere de una evolución continua?

De conformidad con la declaración del Partido Socialista de los Estados Unidos de América del día 28 de febrero, en 1909 se llevó a cabo la celebración en todos los Estados Unidos, del primer Día Nacional de la Mujer, celebrándose su conmemoración hasta el año de 1913.

Sin embargo, la idea de establecer un Día Internacional de la Mujer surgió a finales del siglo XIX; un período que mostró a nuestra realidad una etapa de expansión y turbulencia; un crecimiento fulgurante de la población y por ende, de sus ideologías radicales.

A partir de las luchas de las mujeres, las Naciones Unidas han emprendido iniciativas para mejorar sus condiciones, logrando la existencia de un marco jurídico internacional que, al menos en teoría, promueve y garantiza la igualdad.

La Carta de las Naciones Unidas, firmada en 1945, fue el primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres. Desde entonces, la ONU ha ayudado a crear un legado histórico de estrategias, normas, programas y objetivos acordados para mejorar la condición de las mujeres a nivel internacional.

Para mí y para muchas mujeres, hoy celebramos algo más que un día conmemorativo; hoy celebramos el desarrollo, la lucha por la igualdad, la justicia, la paz y la equidad, porque cuando nosotras como mujeres nos unimos para celebrar este día, todos pueden contemplar años de lucha.

Una lucha plurisecular que ha pretendido hundir las raíces que someten a la mujer, buscando su empoderamiento a través de la participación en una sociedad en igualdad de oportunidades con cualquier ser humano.

Es cierto, una no elige nacer mujer, pero si elige serlo. Cada que pienso en la historia que hemos creado, viene a mi mente, el rostro de mujeres inquebrantables; y como muestra, basta mirar el pasado y observar el papel que hemos desempeñado.

En la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; por su parte, en la Revolución Francesa, recordamos a las parisienses que exigían libertad, igualdad y fraternidad, aquellas que marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

Vivimos en un mundo cada vez más ajeno, más egoísta y más violento y por ende, la violencia en contra de la mujer, no ha desaparecido ¡No nos engañemos más!

La violencia contra las mujeres, además de sus enormes costos humanos y económicos, ha limitado durante décadas y décadas, libertades y derechos. ¿Cuántas veces no hemos escuchado sobre algún tipo de violencia que ha agredido directamente a alguna familiar, amiga o compañera?

No podemos seguir cerrando los ojos ante la realidad; la violencia en ningún aspecto puede considerarse como “normal”, Amartya Sen nos decía, nada es tan importante hoy en la economía política del desarrollo, como que se reconozca la participación y el liderazgo de las mujeres. Hoy representamos agentes de cambio, yo les pido que empecemos por reconocernos de esa manera.

Nuestra tarea como académicas, abogadas, legisladoras, litigantes, servidoras públicas, hombres, mujeres y seres humanos es construir un país de leyes donde todos podamos hacer efectivos nuestros derechos.

Y en esta tarea, creo que sólo un nuevo pacto político entre el Estado mexicano y las mujeres podrá fortalecer la gobernabilidad que dará sentido a la tan llamada “democracia” ¿O no es acaso objetivo de todos cerrar cualquier brecha de desigualdad existente? ¿De reconocer derechos de nueva generación sin discriminación?

La homologación y armonización del marco normativo para lograr el avance de los compromisos asumidos en el ámbito nacional e internacional con la agenda de las mujeres, demanda la creación de bases sólidas que permitan la inclusión de un verdadero enfoque de género.

Actualmente, en nuestro país, un 66.6% de la población femenina percibe la inseguridad como problema en su comunidad; y sólo un 22.5% de las mujeres considera que la situación de inseguridad en el país mejorará en un futuro.

Hablamos que una de cada cuatro mujeres, ha sido objeto de agresiones verbales que la denigran o molestan; el 14% de la población femenina ha sufrido de acoso y un 8% ha tenido miedo de ser atacada sexualmente, lo que nos lleva a la lamentable estadística de percibir un porcentaje del 1.3% que terminan en violaciones.

¡No podemos permitir que esta realidad siga persistiendo en nuestro entorno! Y no, no hablo de buscar medidas transitorias o cambios a corto plazo. La violencia de género es una violencia social, que nos toca a todas y a todos erradicar.

La subordinación histórica y las relaciones desiguales entre ambos sexos, son muchas veces el origen del temor a ser víctimas de un riesgo o la amenaza de sufrir algún tipo de violencia. Y en el ánimo de atreverme a hablar en representación de mi género, puedo decir que todas, absolutamente todas las mujeres, compartimos una visión que converge en un mismo propósito: progreso.

No se trata de minimizar a la mujer, por el contrario, estoy convencida que hoy, debemos repensar a la mujer como un elemento de transformación social.

Hoy sigue faltando mucho por hacer, aún hay muchos derechos por conquistar. Muchas mujeres gozan ya de mayores derechos pero otras no, debido a las diferencias de raza, religión, cultura, situación económica, social y política.

¡Basta ya de lacerar a la mujer y a sus derechos! El mérito debe ser el principal criterio al progreso de cualquiera de nosotras, y todas las mujeres que conozco, son ejemplo de ello.

Yo quiero ver mujeres capaces de erradicar cualquier tipo de violencia en su vida y asumir un liderazgo transformador. Porque cuando una mujer crece, invariablemente crecemos todas.

A diario, cuando salgo a trabajar y empiezo mi día, veo con orgullo a jefas de familia que al asumir su papel como agentes de cambio, fomentan el desarrollo y cierran puerta a la desigualdad. Veo mujeres incluyentes enfrentando enfermedades, embarazos a temprana edad; poniendo su granito de arena para combatir a la violencia y la injusticia.

Con estas palabras, no pretendo ser una exposición más de los muchos discursos escenográficos que verán hoy, lo que busco, es transmitir la pasión, el amor, el reconocimiento y el orgullo con el que nos veo a nosotras, las mujeres.

Finalizo mi comentario citando a una de las representantes femeninas más reconocidas, la Doctora Marta Lamas, quien en alguna ocasión señaló “La sociedad no se cambia por decretos, la sociedad se cambia por los significados y valores que imprimimos sus miembros en ella”.

Empecemos por enseñar al hombre a respetar a la mujer, no por el hecho de ser mujer, sino por el hecho de ser una persona; de ser, un ser humano. Yo les pido que por el bien de todas y todos nosotros, intentemos cambiar lo que significa ser mujer

¡Feliz día internacional de la mujer!

*Licenciada en Derecho, egresada de la Maestría en Derecho Constitucional y Amparo de la Facultad de Derecho de la Barra Nacional de Abogados.