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LA PERSPECTIVA DE LAS BESTIAS

LA PERSPECTIVA DE LAS BESTIAS

 

Lic. David Ignacio Solano Castro

 

Todos sabemos que el siglo XXI entraña grandes desafíos para la humanidad; por lo que respecta a nuestra responsabilidad sobre cómo será nuestro futuro, un rubro que merece un análisis crítico con su respectiva denuncia pública debe dirigirse a las acciones cuestionables de los gobiernos tanto en el ámbito local, como en la configuración de un nuevo orden mundial; con relación a ello, es necesario conocer los comportamientos de quienes ostentan el poder, dado que sus actuaciones, decisiones e intereses nos afectan a todos. Actualmente se puede aseverar sin temor a equivocarse, que no existe lugar en el mundo donde no se puedan verificar en determinado momento ciertos patrones de conducta de carácter perjudicial para la sociedad, y por ende, no tiene cabida excusa o pretexto alguno para seguir negando lo que resulta evidente, y mucho menos, para negar nuestra responsabilidad frente a las constantes injusticias en contra de millones de seres humanos en todo el orbe.

 

Los gobiernos, han sido concebidos para garantizar el cumplimiento de las leyes que una determinada sociedad se ha fijado para encaminar sus aspiraciones y futuro común, a efecto de beneficiar a todos y no a unos cuantos, para así, propiciar un entorno de seguridad, paz y estabilidad, donde los individuos cuenten con la posibilidad de desarrollarse plenamente, es decir, para aspirar y posteriormente realizar una vida digna; pero ¿Esto es así en el mundo fáctico? La respuesta es claramente negativa, entonces ¿Qué está sucediendo con los gobiernos? ¿Cumplen sus funciones? ¿Cómo están actuando? ¿Por cuales razones no están funcionando como es debido? Tras un análisis de la realidad imperante estas interrogantes encuentran una respuesta verdaderamente preocupante, grotesca e indignante para cualquiera dispuesto a ver y aceptar lo que es imposible negar por más tiempo, la cual, se puede sintetizar en una exacerbada irresponsabilidad, incapacidad y corrupción de algunos individuos que ejercen alguna función gubernamental, sobre todo en los rubros de los funcionarios de más alto rango y aquellos que son electos para ejercer el poder.

 

No obstante lo mencionado, cabe advertir que lo importante es la profundidad de esta síntesis, misma que evidencia una decisión falaz de algunos miembros que pertenecen a las clases gobernantes en diversos niveles de actuación nacional e internacional; la cuestionable decisión en comento, consiste en elegir realizar ciertas conductas reprobables, por la simple razón de que se ostenta el poder, se pretende conservarlo y se procuran intereses ajenos a los de la sociedad en su conjunto; para identificar estos gobiernos partidarios de la opresión y la barbarie es necesario conocer en qué consisten algunas de sus conductas, posturas y acciones para poder no solo denunciarlos, sino también resistir a sus pretensiones e incluso enfrentarlos por las vías previstas para ello.

 

Las conductas y concepciones en comento que mencionare de manera ejemplificativa más no limitativa, constituyen un manual básico de máximas de cinismo, dominación, irresponsabilidad, tiranía y terrorismo, practicadas políticamente por individuos que ejercen y administran el poder sin importarles cuanta indignación y sufrimiento causan a todos, las mismas consisten principalmente en:

 

1) Ganar elecciones fraudulentamente y revestirlo de legalidad.

2) Polarizar constantemente a la sociedad.

3) Manipular la opinión pública.

4) Legitimarse mediante la violencia.

5) Declarar guerras sin sentido contra enemigos indeterminados.

6) Aterrorizar de manera discreta o abierta a la población que se gobierna.

7) Sobornar y comprar conciencias.

8) Favorecer a los que más tienen porque contribuyeron a acceder al poder.

9) Velar solo por los intereses propios tanto políticos como económicos.

10) Enriquecerse a costa de los demás.

11) No invertir en las necesidades de los gobernados menos favorecidos.

12) Aprovechar cualquier oportunidad para oprimir cada vez más a la población.

13) Elevar los impuestos en detrimento de los intereses de la mayoría.

14) Maximizar catástrofes para beneficiarse políticamente de ello.

15) Vulnerar y si es posible acabar con cualquier derecho o libertad discretamente.

16) Influir en las decisiones relativas a la impartición de justicia.

17) Manipular las leyes para favorecer los planes e intereses propios.

18) Chantajear a los que fungen como contrapesos gubernamentales y sociales.

19) No invertir en educación, ciencia y tecnología.

20) Mantenerse en el poder sin importar el costo social.

21) Encarcelar o desaparecer a aquellos que de alguna manera no aceptan, aprueban o critican la actuación gubernamental.

 

Claro está que en algunos casos, quien ejecuta estas máximas muchas veces procura creer que cuenta con la razón, que su actuación se encuentra a favor del beneficio de la sociedad, y en ocasiones, que posee la bendición de Dios para realizar toda clase de conductas en detrimento de los legítimos intereses del colectivo que se gobierna, de esta forma, evade sentirse en lo que se ha convertido que no puede ser otra cosa más que un tirano; una bestia que miente, asesina, simula y vulnera cualquier valor jurídico, político o social, sin importarle el juicio negativo de la historia y todo el sufrimiento que otros padecen por su inaceptable maldad, ineptitud o incompetencia.

 

Sin considerar por el momento que la mayoría de estas conductas son practicadas en el seno de los Estados que se les denomina Fallidos, y que también, existen algunos presuntamente funcionales y civilizados que practican estas acciones, lo cierto es que cuando se suscitan estas circunstancias los gobernados prácticamente se encuentran en un estado de constante indefensión, debido a que sus representantes y funcionarios electos para gobernar son precisamente los que vulneran la esencia del poder público, y que los mecanismos para hacer valer los derechos y las libertades son altamente ineficaces e incluso se utilizan en favor de la clase gobernante; entonces, ¿Qué escenario podemos esperar de posturas y políticas públicas que en el fondo enarbolan concepciones erradas y perjudiciales tales como “Los pobres deben salvarse a sí mismos y financiar su progreso”, “No importa que opinen o el sufrimiento de los gobernados nunca podrán oponérsenos”, “El pueblo no sabe y no puede gobernarse”, entre muchas otras aseveraciones llenas de estupidez e ineptitud por parte de quienes deberían pensar y actuar en sentido contrario? ¿Acaso no debería procurarse el bien colectivo ante todo tal y como lo pronuncian los gobernantes en sus discursos incongruentes con sus acciones? Precisamente porque resulta intolerable, no podemos permitir que continúen aconteciendo de esta manera los hechos en el seno de la sociedad, sin por lo menos mostrar nuestro desacuerdo mediante cualquier forma a nuestro alcance.

 

Actualmente, resulta imperante realizar acciones tanto en el ámbito de actuación individual como en el colectivo, para oponerse y resistir a las constantes vulneraciones de estas bestias públicas; paralelamente, cada quien debe determinar en qué puede contribuir para que el estado que guardan las cosas se modifique, antes de que la situación degenere de tal forma que las únicas vías para defendernos, sean precisamente, las que causan estallidos sociales graves que siempre requieren de una gran cuota de sacrificio por parte de las sociedades; en resumen, tenemos que actuar hoy, tanto en la vida pública como privada, debemos demandar de los gobernantes la realización cabal de nuestros derechos y libertades por las vías establecidas para tal efecto, necesitamos fomentar los valores democráticos en beneficio de todos nuestros congéneres, requerimos procurar mayor respeto a nuestros semejantes, colegiarnos cuando sea posible para compartir experiencias, defender todos los derechos y libertades ganadas a lo largo de los años y concebir alternativas de acción eficaz para lograr cambios significativos; todo ello, resulta imperativo realizarlo si deseamos determinar y garantizar un futuro mejor para nosotros y las nuevas generaciones.