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APARIENCIA ACTUAL DE LA DISCRIMINACIÓN EN LA GLOBALIDAD

APARIENCIA ACTUAL DE LA DISCRIMINACIÓN EN LA GLOBALIDAD

 

Lic. David Ignacio Solano Castro

 

Desde que los hombres decidieron agruparse para convivir y determinaron fines para su consecución común se dio origen a la sociedad; posterior a ello, se generaron en su seno diversas distinciones que la estratificaron y dividieron en al menos tres niveles esenciales que consisten básicamente en aquellas diferencias comparativas entre pueblos, las diferenciaciones al interior de los mismos y finalmente las que determina un individuo frente a otro; lo cual, nos conduce a concluir que se originó un proceso social de constante generación de distinciones y estadíos de convivencia al que las ciencias humanísticas le han denominado subjetividad social. Por ello, cuando surge la época moderna se puede apreciar que la conformación de un pueblo y la consecuente construcción del Estado-Nación se encontraba vinculada no sólo a un pasado compartido, los fines comunes y el conjunto de características socio-culturales al interior del mismo, sino que además consideraba su indisoluble relación con los que se encontraban situados al exterior de su contexto como una diferenciación fundamental que lo dotaba de existencia inigualable, circunstancia que a su vez sentó las bases de su comunicación y relaciones externas.

 

Lo anterior, condujo a pensamientos y prácticas extremistas en los tres niveles referidos que excluían a lo que se encontraba fuera del contexto propio, situación que se intensificó cuando el Estado Nación comenzó a entrar en crisis desembocando en atrocidades y segregación racial, política e ideológica; cabe señalar que este escenario tuvo como factor determinante, la pretensión de un grupo social o estatal para situarse en un plano de superioridad frente a sus congéneres, tomando como fundamento principal de su argumentación y conducta las diferencias superfluas surgidas de la comparación y forma de conducirse de los pueblos, las existentes al interior del propio, así como las biológicas que le son intrínsecas al género humano y con base a estas ideas surgió la discriminación social, es decir, nació una situación en la que una persona o grupo es tratada desfavorablemente a causa de prejuicios por pertenecer a un pueblo o clase social distinta.

 

En este punto, conviene señalar que discriminar en su acepción originaria se refiere a distinguir o diferenciar una cosa de otra, para lo cual, se establecen distinciones de acuerdo a lo observado; pero en Derecho se entiende por este término el trato de inferioridad dado a un grupo o individuo por motivos raciales, religiosos, políticos, sexuales, filiales e ideológicos, circunstancia que generalmente se prohíbe por las leyes y que no debe confundirse con su connotación política que refiere a mejorar la calidad de vida de ciertos grupos desfavorecidos por circunstancias históricas, políticas, económicas u otras, proporcionándoles medios para lograr integrar o nivelar su situación social.

 

Después del gran número de guerras, matanzas y tragedias que presenció el mundo hasta casi concluida la primera mitad del Siglo XX, comenzó la transición de la particularidad del Estado hacia la universalidad implicada en la globalidad, misma que entrañó la concepción del hombre como parte de un solo grupo para tratar de emancipar los estragos causados a partir de la equívoca apreciación de sus múltiples diferencias, buscando conciliarlas para posibilitar la convivencia humana en igualdad de derechos y obligaciones, circunstancia que a su vez logró renovar el concepto humanidad, y que, para asegurarlo se debían realizar grandes esfuerzos tanto a nivel estatal como internacional; como ejemplo de los mismos, tenemos la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Carta de las Naciones Unidas entre otros documentos que actualmente gozan de aceptación general entre los sujetos que conforman la comunidad internacional y que además implican el deber de todos ellos para procurar el cumplimiento de sus principios; lo anterior resulta trascendental, ya que esto conlleva el reconocimiento mundial de que el requisito esencial para mejorar las condiciones de desarrollo y una paz próspera que lo propicie es la igualdad de derechos, dado que este valor jurídico genera el respeto del otro y la desigualdad de derechos constituyen la base de la discriminación y segregación que nunca ha beneficiado a la colectividad.

 

Sin embargo, estos esfuerzos no han sido suficientes para combatir eficazmente la discriminación, ya que la misma, también ha renovado su apariencia en los tiempos actuales, toda vez que ha abandonado sus cánones y discursos tradicionales con un alto contenido biológico para situarse en el plano cultural y social; es decir, ya no se divide la naturaleza humana considerando los diferentes tipos de razas, tampoco se considera que la conducta del individuo, sus capacidades y aptitudes dependen de su sangre y sus genes, e incluso, se atribuye esta circunstancia a la pertenencia del mismo a una cultura históricamente diferenciada de otra, por lo tanto, se infiere que las diferencias no pueden ser fijas ni inmutables sino que son producto de múltiples factores que convergen y se establecen en la historia de una sociedad determinada; con base en ello, se afirma frecuentemente que el pensamiento imperante en la sociedad se encuentra contra la discriminación; pero esta afirmación no resulta totalmente cierta, ya que se han generado limites más rígidos a la posible compatibilidad, comunicación y convivencia intercultural e incluso se sostiene comúnmente que las diferencias entre culturas y tradiciones son irreconciliables, resultando inútil y peligroso permitir las uniones, mezclas o enlaces multiculturales, porque para garantizar su pureza e integridad deben permanecer separadas.

 

De esta manera, podemos apreciar el nuevo ropaje de la discriminación humana que no se limita a encontrar sustento en razones de raza, religión, orientación sexual u otras, sino que se ha traslado al plano cultural como totalidad que provee de un mayor número de razones para fundamentar la separación y la segregación por ser un concepto que cuenta con un espectro más amplio y profundo de diferenciación; sin embargo, en paralelo el discurso actual de la discriminación trata de ser pluralista y respetuoso, al contemplar en su seno todas las diferencias humanas posibles; claro está, en la medida en que cada individuo acepte pensar y actuar, acorde con esas diferencias de identidad cultural; por lo que, se advierten preservadas las diferencias raciales, políticas, económicas e ideológicas que resultan imprescindibles para perpetuar la separación social y de esta manera, también la cultura se tornó paradójicamente en una forma de discriminación pero casi confundiéndose con las posiciones contrarias a cualquier manifestación de la misma, conservando así, su postura sustancial de segregación social al afirmar vehementemente que la jerarquía individual frente a otros no es causa sino efecto de las diversas circunstancias sociales y culturales que lo rodean.

 

En este sentido, la discriminación y sus formas (por ejemplo el racismo, el clasismo, el sexismo, entre otras) subsisten al asignarles un valor diferente a las razas, ideologías y tradiciones que existen en una cultura, lo cual se realiza sobre la base de su eficacia para procurar la imposición de una sobre la otra; por lo cual, se puede decir que esta diferenciación no se da ya con base a la supremacía y la subordinación racial, política, religiosa o cualquier otra que se haya empleado en la historia, sino que más bien nace por medio de la libre y a veces avasalladora competencia de las culturas que coexisten en el mundo; así, se puede explicar el surgimiento de escalas falaces y mediciones por demás absurdas que miden a los pueblos en grados de evolución y desarrollo cultural, distinguiendo para ello sus diferencias y considerando como base de medición a la cultura dominante, distanciándola e incluso enemistándola, con aquellas que no comprenden sus características dentro de un contexto global; a su vez, este procedimiento necesariamente debe revestirse solo en apariencia de una pretensión tolerante, respetuosa y libertaria, ya que en los tiempos actuales sería un error excluir abiertamente al otro; todo lo contrario, se debe ser excesivamente tolerante para poder sostener la diferencia del otro sin advertirse como un discriminador practicante; por lo tanto, al surgir de la proximidad con lo diferente y al lograrse el objetivo diferenciador sumamente doloso en el fondo, no se puede manejar la diferencia en términos absolutos, jamás se presentan las mismas como naturales, sino que se manejan como grados diferentes de manifestación, jamás se consideran necesarias, más bien se consideran como accidentales, dando lugar con ello a una subordinación basada en prácticas cotidianas abiertas y flexibilizadas en una escala jerárquica cultural y social estable y brutalmente rígida, es decir, se basa en el juego de las diferencias y una tolerancia tendenciosa que pervierte el significado de este término.

 

De lo anterior, podemos apreciar que se han conservado en la sociedad los clásicos problemas que entrañan la discriminación y la segregación e incluso han sobrevenido mayores distancias humanas endurecidas con un falso discurso de tolerancia y libertad democrática que trastoca su verdadero significado e imposibilita la concepción de la humanidad como un solo pueblo donde todos tienen cabida y deben ser respetados; lo cual, solo se revertirá en la medida que cada individuo y cada pueblo tome conciencia de esas diferencias individuales y colectivas, que si bien, nos diferencian y nos hacen únicos, también deben entrañar la comprensión de que somos iguales no solo en prerrogativas, libertades y convivencia constante, sino que más allá de ello, lo somos en nuestra condición existencial fundamental: nuestra pertenencia al género humano.